Solo
por Marcelo Beltrand Opazo

No me gusta estar solo. Si no estoy acompañado, escucho música, sino tengo música, canto, tarareo. En otras ocasiones, hablo solo, me comento lo que estoy pensado y contesto mis propias dudas. Muchas veces no estoy de acuerdo con esas explicaciones que me doy y vuelvo a cuestionarme y me interpelo, me expulso de ese espacio, me enojo, me insulto y me callo. Y sigo solo. Otras veces, concuerdo con todo lo que me digo, llego a acuerdos, a una concertación perfecta con mis propias palabras, es como hablar con una sola voz, somos uno, soy solo uno, y como estoy de acuerdo conmigo me callo pero de inmediato me doy cuenta que otra vez estoy solo, o peor todavía, que siempre he estado solo, que en todo este tiempo nunca estuve acompañado. Entonces, me desespero y busco compañía o me hablo o canto o tarareo.
Un día en la noche, me atreví a contarme un secreto. Uno siempre tiene secretos, yo los guardo en pequeñas cajitas, en baúles añosos, de los que uno no quiere saber mucho. Bueno, yo decidí abrirlo y sacar un secreto, una noticia que no me había dicho. Comencé de a poco, lentamente a decirme lo que tenía oculto. Con voz pausada, me conté uno de los secretos mejor guardados por mi. Al escuchar mis propias palabras, me aterré, me senté y me tomé la cabeza con ambas manos. No podía entender cómo nunca antes me había contado algo así, algo trascendental en mi futuro. Me grité, me insulté, apelé a lo unido que éramos. Cómo era posible que no me lo haya dicho, cómo me lo ocultaste por tanto tiempo me dije. Gritándome callé, no quería seguir escuchándome. Me dirigí al baño, me mojé la cara y mirándome en el espejo, me vi, ahí estaba, como si nada hubiese pasado, como si lo que me dije hace unos segundos no me importara en lo absoluto. No lo podía creer, inconsciente, irresponsable me grité, no quiero saber nada más de ti, aléjate, no me vuelvas a dirigir la palabras. Salí del baño y me puse a caminar y a cantar y a tararear y puse música y encendí el televisor, porque no me gusta estar solo, porque cuando estoy solo, me cuento cosas que no quiero saber.

Valparaíso, abril 2007.

1 comentario:

MARINA DE LA CUEVA dijo...

Marcelo, Gracias por el regalo de tu hermoso cuento. Quizá me he identificado con él. Sin embargo, creo que la soledad da oportunidad
de conocernos como somos realmente,
y nos sinceramos aunque a veces duele ser francos. Te felicito y te quiero, HILDA MARINA

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